El gato en la luna

"I offer you lean streets, desperate sunsets, the moon of the jagged suburbs"

Venganza

-Recuerda, no se ama sinceramente sino a aquello que nos hace mal- me lo dice y se aleja, y aun de espaldas sé que lleva una sonrisa victoriosa. Es su venganza… porque nada de lo anterior hizo mella en mi pecho como el conocimiento que estaba irremediablemente perdida frente al meteorito.

Luciérnagas

Siempre que te vas dejas una estela de luciérnagas inertes, esperando volver a brillar cuando regreses…

No preguntes la canción

Lo leo… tarareo una canción de Sabina, que imagino no ha escuchado… desde unos días esa canción se me ha asociado a él… y me preocupo… ¿por qué entre tantas canciones esa específica? Y no es la primera… vuelvo a leerlo… y vuelvo a afirmar que hay cosas que no se deben leer en la oficina… que hay cosas que se deben decir leer uno frente al otro… mezcla de deseo y frustración… él aún no entiende que yo no sé lidiar con tantas sensaciones a la vez… que anduve demasiado tiempo con el corazón anestesiado, drogada de otra historia, y a mis años no he aprendido lo básico de amar… creo que no cree cuando le digo que extrañarlo me duele hasta en los huesos, de una manera que redimensiona toda mis acepciones de extrañar… por eso lo leo y releo, para sentirlo cerca… y me duermo abrazada a su almohada, leyendo sus mensajes… y me digo no seas tonta es solo una almohada, es solo un comentario, son solo unos días, es solo una canción”… pero algún nivel de mí no lo cree… No es una almohada cualquiera es la suya; no es un comentario, son las ganas de hablarle como a nadie le hablo; no son solo unos días, es una eternidad disfrazada de horas gigantescas; y no es solo una canción… es esa canción, es aquella puta canción de Sabina que lo dice todo… son dos canciones que nunca le he dicho porque serían demasiado… soy yo, agazapada en la silla de la oficina, leyendole a diario, poniendo títulos en clave, soportando las ganas de comentarle, creando perfiles falsos…

…soy yo demasiado lejos de él…

Como un madrigal

Marco lo supo al instante… y aun dudo entre dispararle o sujetarla, sabía que sus pulmones no resistirían. Mas no tuvo elección: Alicia se le escapó entre las personas y corrió directo a la lluvia, como un madrigal. Resignado, comenzó a descorrer lentamente el zipper hasta encontrar la correa. La tomó, colocándola alrededor de su cuello, sintiéndose culpable, sintiendo a aquella más pesada que nunca… No lo pienses, solo hazlo… hazlo por mí… porque si no… Alicia no le había dicho más, pero bastó para que Marco supiera que se lo debía. Quitó el seguro y llevó su ojo derecho a la mirilla… ahí la encontró, con los brazos extendidos, mirando al cielo, recibiendo a la lluvia… de repente el cuerpo imperfecto de ella resultaba armónico con el agua, el viento y la calle… las gotas caían por su todo, pegándole la negra camisa a la piel, dibujando los misterios y placeres ocultos bajo la tela: su vientre, sus caderas, su ombligo, sus senos: justo una gota recorría el camino para llegar a un pezón tantas veces antes besado por él, mordido por él… el corazón de Marco se estremeció… sus manos temblaron… ¿es el momento? Duda… y se descubre amando a aquel cuerpo condenado y a su dueña… ella lo mira… y él la mira a través del visor… Alicia sonríe y el mundo desaparece para Marco… es ahora… lo saben ambos… aprieta y le dispara en ráfagas… ella cae vencida hasta golpear secamente la calle… el mundo le regresa de súbito: el palpitar de la lluvia, los gritos de auxilio, los truenos en la distancia… pero solo la mira a ella, mientras se va armando un tumulto de personas a su alrededor… él baja la mano, agotado, sostiene su cámara y toma la primera instantánea, todavía está ella de pie, sonriendo, con el aliento de vida en las mejillas… esto era lo que ella quería, sabía que sus ennegrecidos pulmones no resistirían más… y quería que quedara algo, algo que no fuera efímero como el oxígeno, como la lluvia… algo de ella… algo como un madrigal.

Y me descubrí….

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Y me descubrí una noche completamente enviciada de tu piel de bronce… de la manera en que tus manos hincan el cuerpo, del dolor de tus mordidas…