El gato en la luna

"I offer you lean streets, desperate sunsets, the moon of the jagged suburbs"

Encienden la vela…

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Encienden la vela, y en la pared del fondo se proyectan dos sombras desposeídas, ella de pie frente a él sentado… él la mira, adivina donde termina la caída perfecta de su pelo en su espalda a oscuras, lo enajena aquellas maneras que tiene la luz de caerle en los perfiles, desde la nariz hasta perderse en sus senos, promesas tersas, piel inocua en la oscuridad… ella se pierde en ella misma y en el humo de su cigarro, sabe que él la mira, pero no le asusta, en cambio le devuelve exigente la mirada: mira su boca, y no se conforma, toca su boca como quien descubre nuevas terminales en las yemas de sus dedos… a él le deleita ella, toda ella: las manos pequeñas, la lengua traviesa, el pelo sin peinar, la forma en que enciende el cigarro y desnuda se posa en la ventana, desnuda y risueña, y le deleita la forma en que lo mira ahora, sin cristales de por medio, una mano en su boca y la otra llevándose el cigarro a la boca, la agarra por la cadera y la empuja a sí, se queda olfateando su vientre, cerca de su sexo caliente… ella nota las manos la acarician graves, no se andan con caricias tontas, siente la respiración de él en el ombligo, y el espacio encerrado entre su piel y la boca es un incendio que le sube a la cabeza. Ella se deja tocar por sus dedos, por dientes y lengua, por el aire, por la oscuridad misma. Entreabre los labios, dejando escapar un poco de oxígeno, y deja entrar todo el calor de la primavera veraniega, de la ciudad en apagón. Abajo se escuchan las risas de adolescentes que no tienen idea de lo que es tocar un cuerpo y sentir cómo se estremece, y estremecerse con él, palpar meticulosamente la superficie para no perderse las texturas que alberga, no saben que el amor se rehace unos metros encima, no miran que en la pared del fondo se proyectan dos cuerpos que se andan y desandan en medio de las sombras, sudor, humo y cenizas, respiraciones sentidas al mismo compás feroz, dos seres que tiritan dentro del otro, se arañan, se besan, se desgarran, se desarticulan y vuelven a rearmarse, uno apéndice del otro, jadeantes, derrochados, cansados, complacidos, semi-iluminados por una vela innecesaria, que ya casi es exigua.

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A ti (a 2000 años)

Vuelvo a sabotearme… Mi yo del pasado me ha ganado la batalla: en mi afán por borrarte escondí toda nuestra producción literaria en una carpeta cualquiera de un archivo multimedia al que nunca entro… Lo olvidé, olvidé por completo que lo conservaba… Pero justo hoy entré al archivo inutilizado y lo ví. Pienso que fue una estrategia de mi yo del pasado que te viera justo hoy… Porque te ví entre múltiples escritos guardé una única fotografía tuya para cuando quedaras nublado en mi mente… Y ni sé porque te escribo (cuando puede que ni lo leas) quizás es porque es parte de mi historia escribir contigo y para ti, o porque desde hace días tengo la inspiración a flor de piel, o porque extraño al niño detrás de tu hombre, al niño que veía cuando escribías, ese que nunca fuiste conmigo, pero yo amé sin sentido. Vuelvo a sabotearme y leo detenidamente, miro a la ventana y saco un cigarrillo, y fumo en honor a tu fotografía. Pienso va siendo hora de sacar tu carpeta y ponerla visible, junto a otras. Sin embargo, cierro la ventana y queda protegida en el archivo multimedia que uso poco, como cuando guardas algo en un almacén abandonado para que nadie lo encuentre…

Lento

8qdO6_f-thumbnail-100-0_s-600x0.jpgQue lento voy, bien lento voy… y me encuentro así reencarnando otra de las letras de la pseudomúsica cubana actual, bien lento me encuentro investigando tu cuerpo, como si fuera la primera vez, con una precisión tan exacta que no deja porcientos al margen de error. Quizás soy ingenua si creo que has mantenido intachable esta piel, entrañable piel de color/sabor canela, luego de ser surcada por mis dedos, en tus múltiples idas y venidas por los senderos de Cuba. Realmente ¿por qué habrías de guardarte si ni yo misma lo hago? La loca fui yo al descolocarme por el chico de las noticias deportivas, uno entre tantos perdidos en la redacción, y yo, una entre tantas, quizás menos, buscando alguna cara conocida en el laberinto de oficinas cuadriculadas… y de pronto tú, tu sonrisa, un foco de luz directo al rostro, encandilándome. No sé quién fui… en un momento sentí el movimiento de traslación que indicaba el fin del eclipse de mi cerebro sobre el corazón… volví a vivir…

Y volví a morir… el día después de que te fuiste persiguiendo alguna pelota en algún campo de juego; y yo me quedé nuevamente sola en un edificio lleno de oficinas hacinadas, sola en el constante entrar y salir de gente de toda clase y tipo. Me quedé detenida en tu piel, en el suave aroma que desprende tu cuello cuando lo respiro, cuando lo beso; en las cosquillas de tus dedos sobre mis senos, de tus dedos en la espalda; en el enredo de mi pelo sobre tus hombros, en la agudeza de tu sexo; en la claridad de tu par de negrísimos ojos. Me quedé detenida, estancada en un puerto sin agua, en una ciudad sin fantasmas, escribiendo y fumando muchísimo por la ansiedad y recrudeciendo las ojeras por el insomnio. Pasando malas noches de cama en cama, buscando una excusa para escaparme y recordarte, contar con los dedos de las manos los días que te faltan por llegar, y finalmente verte en alguna foto que olvidaste censurar en las redes sociales.

Cuando llegas, cuando vuelvo a chocar con tu cuerpo una cajetilla se hace poca para contenerme, necesito pasar horas investigándote, inspeccionándote, paladeando cada zona para limpiarte por si alguna otra se le ocurrió dejarte huellas. Así que voy lento, bien lento, y a ti parece que no te molesta, es más, cuando pones la colección de las setenta y tantas canciones de Silvio seguidas y empiezas a tocarme, más bien parece que haces lo mismo.

Cuento

Y la bruja, que aunque con pinta de princesa, bruja se queda, aburrida de los príncipes azules y desteñidos, miró a Sapo, que en realidad era una rana toro algo pequeña para su especie, y lo besó. Y justo en ese instante, Sapo siguió siendo una rana toro algo pequeña para su especie y la bruja fue feliz…

(por al menos dos semanas)

Muero por decírtelo

Me muero por decírtelo… Pero me muerdo la lengua… Prácticamente todo el tiempo me muerdo la lengua contigo… Porque no sé cómo decirlo… No son solo tus ojos, es la mirada cómplice y lo que calla lo que tiene atada a ti, y lo que me tiene amordazada… Quisiera que leyeras este post y supieras que muero por decírtelo, algo parecido a que mi día se llena de todos los espectros de la paleta cromática cuando estamos juntos… Y que te estoy… Y que quiero… Y deseo…. Y nuevamente me muerdo la lengua, porque si no lo digo no se hará realidad y no tendré que sufrir otro dolor agudo por un amor otra vez ingenuo, porque tú tienes tus ojos en las estrellas y por eso brillan cuando me miras, no porque sea yo quien se refleja en ellos.
Muero por decírtelo, pero me muerdo la lengua, en definitiva todos morimos un poco por dentro de vez en cuando.