El gato en la luna

"I offer you lean streets, desperate sunsets, the moon of the jagged suburbs"

El inquilino y Alicia

-¿Alicia?- volteé y su rostro me disparó un par de gravísimos ojos negros, de esos que nunca serán del tipo pasarás por mi vida por mi vida sin saber que pasaste. El chico me miraba ligeramente impactado… es cierto, haciendo un conteo de las secuelas tenía yo una tobillera en el pie izquierdo, un gran hematoma en la rodilla, el brazo diestro semi-enyesado sujeto al cuello para no caer y la parte derecha del rostro, severamente amoratada por la caída, y esos eran los golpes vistos por encima de la ropa. Era la primera vez que salía sola después del accidente, y mis instrucciones era sencillas: recoger el paquete, dejarlo en casa y seguir de reposo por el resto de mi eternidad… eso es lo que me había dicho todos, mi mamá, el doctor, Lily, él… pero yo estaba feliz, al menos, aliviada, de poder salir bajo la guardia y caminar al menos tres metros, sintiendo el viento en mi rostro. Por eso quedé en pleno malecón para recoger el paquete, y había llegado tiempo antes del previsto, malogrando mis intenciones de disfrutar el viento y la libertad algo más. Cargaba una mochila enorme y traía una pequeña maleta de mano…
-Hola, ¿Daniel?- asiente, dubitativo… no sé qué esperaba, pero supongo que no a una chica casi inválida. –Vamos-, propongo, mal aspecto debo tener para que su rostro huya el mío, o lo observe con un interés rozando lo mórbido cuando piensa que no lo miro. Camino rápido, aunque el tobillo me está matando, pero realmente no me gusta tener unos ojos negros desconocidos inspeccionándome minuciosamente a mis espaldas. Y las historias que se debe estar montando en su cabeza… ya he sido desde la mujer violentada hasta la víctima de un choque de autos, nada… nadie llega a la tonta que rueda escalones abajo en una minúscula escalerita, por andar pensando lo que no tiene que pensar. Los golpes llegaron justo cuando sentía que empezaba a respirar nuevamente: que había cerrado una ventana, y comenzado a andar el camino de piedras amarillas, primero pasos dolorosos, ansiosos por regresar, y luego, bueno, pasos indecisos, pero que alguno me recordaba quien era, y quien quería ser. Fue mi decisión, lo asumo, sacarlo enteramente de mi vida, no solo a él, sino a cualquier atisbo de su presencia… ya no iba a ser el amor, o la falta de este, una nueva excusa para frenarme en el camino… en cambio, lo fue el accidente, un día pensando en la clase, en mis estudiantes, terminé enredando los pies y cayendo, una caída mala, que me ha obligado a guardar cama algunas semanas.
Llegamos a la puerta, suspiro… no me gustaba la idea de que un extraño entrara en mi madriguera, en mi guarida. La casa de Lily, frente al mar, es donde me escondo de todos. Pero bueno, Lily necesitaba el dinero y este chico, Daniel, donde vivir… No sé cuál sería el trato entre ellos, yo solo tenía que recoger el paquete y dejarlo en la casa, y el paquete era él… la única parte de la casa donde no podía acceder era el cuarto pequeño, donde me quedaba yo, por lo menos los primeros días de su estancia.

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Amaneció… con flores amarillas

Hubo otros amaneceres, de seguro habrá al menos uno más… algunos malos, algunos maravillosos, varios detestables, uno o dos que preferí que ni siquiera amaneciera… pero ninguno como ayer con aroma de flores amarillas, café recién colado y pan tostado con mantequilla, y tus ojos, tus ojos… tus ojos mirando dentro, mirando muy dentro… y esa espalda rebosante de pecas… y nosotros bajo sagrado juramento de no romper el pacto…
De seguro habrán otros amaneceres, al menos uno más, pero ninguno como ayer, donde aun malherida, el rostro amoratado y los dolores secuelas del accidente, lo único que sentí fue esa onda extraña que nos reune, que nos llama, que nos encuentra…

Despedida

Se despidieron… no hubo escenas de últimos besos, ni ambientes sensibleros, ni dedos entrecruzados intentando no separarse… solo se dieron un apretón de manos y las gracias por aparecer en la vida del otro… luego, él partió… y ella se quedó mirando el polvo levantado por sus pisadas, antes de enjugarse las mejillas mientras se le escapaba el último sorbo de amor… lo miró, lo miró mucho, como si quisiera atraparlo para siempre en sus ojos, finalmente, encendió con parsimonia un cigarro, se colocó las gafas de sol y echó andar por su senda particular de adoquines amarillos.

El chico de la ventana (Posdata tardía)

Y foto063.jpgpienso en esas ganas: ganas de correr adonde él… a ese universo alternativo donde solo somos dos extraños, un cristal y un manojo de oraciones revueltas por escribirse… donde no hay heridas, ni silencios, ni puertas, solo ventanas para encontrarnos a cada paso, en todos los cristales, y besarnos nuestras bocas mientras reímos… y olvidar esta lucha interna entre amarlo u odiarlo con la misma ferocidad… sentir sus labios sobre la piel, su respiración en las noches, su ego mal disimulado cuando es simplemente feliz… y ser simplemente felices como aquellos chicos que una vez fuimos…

Y muero por decírselo, encontrarnos alguna vez con los rifles enfundados y sin ganas de hacer la guerra… y entonces llego, ilusionada, enamorada, y me encuentro de bruces con un cristal empañado… y sin querer entramos, seguimos, jugamos nuestro papel en el contrapunteo odioso de querer saber todo del otro sin soltar nada de nosotros. Me quedo callada, esperando el momento preciso para soltarlo todo de golpe, pero nunca sucede… se va enterrando cada vez más bajo los escombros.

Y finalmente me rindo… pensaba sería este el día de confesarle mis ganas: esas ganas de correr adonde él, adonde no hay heridas, ni silencios, ni puertas, solo ventanas para encontrarnos, esas ganas de olvidarlo todo y solo besarnos nuestras bocas mientras reímos. Pero hoy no fue ese día

Hoy fue el día de hallar la verdad, descubrir que todo estaba perdido: mientras yo ansiaba sus labios, mi chico de la ventana besaba a otra; mientras yo lo amaba, aun sin quererlo, él comenzó a amar a otra. Y yo no lo soporté y sellé definitivamente la ventana

Sonrisas

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“¡Vaya! -se dijo Alicia-. He visto muchísimas veces un gato sin sonrisa, ¡pero una sonrisa sin gato! ¡Es la cosa más rara que he visto en toda mi vida!”

Alice in Wonderland (1867), Lewis Carroll

 

Pd: una curiosidad, el primer viernes de octubre se considera el día mundia de la sonrisa.